¿Cómo funciona la economía de la falta de atención?

¿Cómo funciona la economía de la falta de atención?

Respuesta corta

— Llega a través de los servicios digitales.

Las renovaciones automáticas imperceptibles y los sesgos cognitivos nos obligan a pagar regularmente por servicios que ya no usamos.

En la última década, el modelo de consumo ha cambiado de forma radical: ver vídeos, escuchar música y recibir la compra en casa suelen implicar ahora un pago mensual. Las suscripciones se han convertido en una partida importante del gasto de los hogares, pero la mayoría de las personas no percibe el volumen real de lo que desembolsa.

Según The Conversation Economy, solo en el Reino Unido los consumidores gastan cada año alrededor de 26.000 millones de libras esterlinas en distintos servicios digitales. Las estadísticas muestran que el gasto individual en contenidos ha aumentado casi un 50% desde 2020 y supera las 600 libras al año por persona. En los hogares con varios usuarios activos, esa cifra es bastante mayor.

El principal problema financiero está en pagar por servicios que no se utilizan. De las 155 millones de suscripciones activas en el Reino Unido, unas 10 millones son no deseadas, lo que les cuesta a los consumidores 1.600 millones de libras al año. Una parte considerable de ese dinero se pierde por los periodos de prueba gratuitos, que se convierten automáticamente en planes de pago.

La psicología del gasto invisible

La economía del comportamiento explica la infravaloración de estos gastos mediante el mecanismo de la «contabilidad mental». Las personas suelen analizar los pequeños pagos por separado, dividiéndolos por categorías, en lugar de evaluar el total de los cargos automáticos de un mes. Un pago aislado de 5 o 10 unidades monetarias parece irrelevante, pero, sumados, estos importes generan una carga financiera importante.

El segundo factor crítico es la renovación automática combinada con el sesgo del statu quo (la tendencia a elegir la opción predeterminada). Si cancelar una suscripción requiere atención y tiempo, lo más habitual es que el consumidor lo posponga y siga pagando.

Como señala The Conversation Economy, los investigadores de interfaces digitales han detectado el uso deliberado de «patrones oscuros». La arquitectura de muchas plataformas está diseñada para que suscribirse sea cuestión de un clic, mientras que el proceso de cancelación se vuelve lo más complicado y confuso posible. Como resultado, millones de usuarios caen en «trampas de suscripción» y pagan por servicios en contra de su voluntad. Un estudio realizado por Ashly Shail y sus coautores выявлено что многие онлайн-сервисы намеренно усложняют процесс отмены подписки, используя так называемые "темные паттерны" в дизайне интерфейсов.

Medidas regulatorias y auditoría financiera

La creciente magnitud del problema ha obligado a las autoridades a intervenir. Actualmente se están elaborando e implantando nuevas normas que obligan a las empresas a ofrecer información transparente sobre los cargos recurrentes e incorporar mecanismos sencillos para cancelar servicios (con un solo clic).

Se espera que estas medidas reduzcan el número de suscripciones accidentales que surgen por las condiciones ocultas de conversión de los periodos de prueba. Sin embargo, las nuevas leyes no pueden eliminar por completo el factor humano. La inercia y la pereza hacen que los consumidores apenas revisen sus extractos bancarios.

El gasto digital sigue siendo invisible: está repartido entre distintas plataformas y se carga automáticamente a las tarjetas bancarias. Sin una auditoría regular y deliberada de las finanzas personales, las suscripciones seguirán aumentando en silencio y de manera metódica los gastos de los hogares. Otra investigación realizada por Abhik Ghosh y sus colegas mostró que los mecanismos existentes de reparto de ingresos en las plataformas de suscripción pueden favorecer el fraude y la manipulación, lo que deriva en pérdidas económicas adicionales para los usuarios.

Fuente: The Conversation: Arts & Culture